Cuando sacamos, como casi todos, nuestras fotos en RAW debemos exportarlas a un formato que puedan leer los navegadores web y las impresoras: jpg, tiff, png, etc. Incluso para tratarlas en alguno de los procesadores de imágenes, como Gimp, debemos convertirla antes a uno de esos formatos. Eso es lo que hacen los procesadores RAW, capaces de aplicar cambios a los archivos RAW de manera no destructiva. Todos ellos trabajan en 16 bits o más.